lunes, 11 de febrero de 2008

UNA LECCION DE TOLERANCIA

Una de las tantas motivaciones humanas estriba precisamente en lo que comúnmente llamamos tolerancia, ese valor que nos aproxima a la humanización, pero igualmente nos acerca a la estupidez. So pena de parecer herético y desasociado la palabra tolerancia encierra muchos mas que simple aceptación ante los actos humanos, la tolerancia implica respeto por las diferencias étnicas, políticas, religiosas, sexuales y mas, pero no es equivalente a la estupidez, porque si nos acercamos a esta estamos a punto de caer en un barril sin fondo.

Para aclarar aun más, vale la pena establecer los siguientes argumentos que reafirman lo peligroso que implica incurrir en el exceso de tolerancia. No es tolerante dejar que el vecino invada tu espacio, argumentando que hay algún tipo de agresión por parte nuestra, no es tolerante, que en las calles exista la mendicidad y la indigencia y que el peatón no tenga la libertad de caminar por algo que se llama espacio público, porque esta siendo usufructuado por pequeños y medianos poderes económicos y por otros que no lo son, pero que habidas cuentas como es público, no pertenece a nadie. Estos son solo algunos ejemplos contundentes de cómo por aquello de la tolerancia nos acercamos mórbidamente a la estupidez, por que aceptar cada una de las situaciones allí expresadas nos aproxima y nos torna indiferentes y apáticos. Igual sucede cuando aceptamos que la clase política asuma niveles de liderazgo a punta de corrupción y de componendas, la indiferencia ante eso es evidente y eso nos hace estupidos. Cuando los movimientos armados de cualquier tinte político, ideológico o delincuencial azota nuestra sociedad a sangre y fuego con cualquier excusa o falacia. Así mismo no es tolerante ver como desangran el erario nuestros gobernantes de turno, como contaminan el medio ambiente quienes detentan el poder económico mundial.

La tolerancia como bien es definida es aceptar y respetar las diferencias, aceptar a tu hijo adolescente díscolo y rebelde, a tu pareja difícil y malgeniada, las preferencias sexuales de tus amigos y conocidos, aceptar que existen hombres y mujeres que predican su fe de manera irreductible a sabiendas que no lo compartas, pero que esto los hace felices, eso es tolerancia, sana y edificante. Pero de ahí a que terminen agrediendo y abusando de tu buena fe y que quieran usurpar algo de tu libertad personal y dignidad, eso no es tolerancia, es franca y llana estupidez.

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