jueves, 23 de agosto de 2007

ATISBOS A LA DIMENSION HUMANA Y LA CULTURA

El destino del hombre esta ligado a su infancia. Sus creencias, vivencias y la forma de ver la vida se relacionan directamente con su proceso de desarrollo. Partiendo de esa premisa el ser va construyendo su propia particularidad, que luego integra a un colectivo. De esa manera el hombre ha modelado y construido sus referentes culturales a través de espacios donde le es posible crear y transformar. Sus primeras impresiones sobre el mundo los plasma a través de pictógramas, generándose el primer hecho comunicativo y artístico del hombre; es el caso de las pinturas rupestres en Lascaux (Francia) y Altamira (España) donde se registra por vez primera las impresiones de la cotidianidad del hombre de las cavernas, como muestra de su permanencia en el mundo y la capacidad de empezar a transformarlo y modificarlo.

En el marco del desarrollo histórico los procesos culturales han generado las condiciones propicias para la transformación de la humanidad. Si se entiende como cultura a toda actividad humana encaminada a propender por un mejor estar del hombre por el mundo, una sumatoria de objetivos morales, intelectuales y sociales que abarcan desde la tradición, pasando por la política y la economía, hasta llegar a la filosofía y el arte.

El hecho artístico ha sido un factor fundamental e indisoluble del desarrollo humano unido a la capacidad de fabular y de imaginar con relación a su entorno, partiendo desde la infancia, esas primeras manifestaciones de representación del imaginario es el garabateo sobre la pared, que posteriormente concluye en la grafía y la escritura propiamente dicha y la palabra como principio creativo, encaminada hacia la construcción de mecanismos de expresión y de comunicación. A partir de ahí, es que se crean los mitos, las leyendas y la tradición oral, intentando proponer una explicación del universo dando como resultado la visión cosmogónica de una colectividad. Se gestan los primeros intentos literarios partiendo de la oralidad, como las grandes leyendas épicas griegas la Iliada y la Odisea de Homero, que retoman los acontecimientos políticos y sociales de una época histórica, pero que gracias a la capacidad de fábular del hombre toman otra dimensión.

Esa misma capacidad imaginativa del hombre ha permitido que sea el artífice de sus propios dioses como una forma de proyectar su permanencia y de ratificarla, comenzando así los procesos de pensamiento y discernimiento sobre el origen y la existencia y sus múltiples contradicciones conducentes a las tésis de orden filosófico, discernimientos encaminados a un solo frente: la libertad creativa.

Las condiciones para la creación siempre y de alguna manera han estado estimuladas por sectores ligados al poder, ya en pleno Renacimiento, muchos de los grandes artistas de la época recibieron el beneplácito de reyes y emperadores, sin menoscabo de su libertad creativa, pero a riesgo de convertirse en esclavos de su libertad individual para hacer arte y parte de los requerimientos de la corte. Artistas como Miguel Angel, Rafael, Boticcelli, tuvieron la protección de la aristocracia medieval, quienes aportaron con su mecenazgo la posibilidad de que el arte tuviera un mayor nivel de desarrollo. Esas apróximaciones del arte con el poder han suscitado de alguna manera una relación peligrosa que fluctúa entre el amor y el odio. Esa relación amor-odio se sustenta en primera instancia en el marcado sentido proteccionista que en muchos casos no lo deja avanzar y lo minimaliza, mientras en el segundo, las intenciones están dadas para subvertir el orden de las cosas haciendo caso omiso de las huestes del poder. La verdad es que el único compromiso del arte es con el mismo arte, en correspondencia a una realidad: la del artista.

Esa realidad que en cada creador se presenta de manera indistinta, de acuerdo a su percepción del mundo y de la sociedad que le ha tocado vivir, es la única forma de moldearla, criticarla o simplemente de registrarla, así lo entendieron, en su momento, Goya, Gauguin, Picasso, quienes desde su perspectiva creativa mostraron las vivencias y experiencias del momento histórico que vivieron, consumando la posibilidad de transgredir la realidad con sus trazos y formas para dejar sentado a manera de crónica pictórica y artística los hechos de una época.

De esa forma esa relación entre el arte y el hombre ha facilitado el despegue de lo humano, entendiéndose esto como los factores donde la sensibilidad es una permanente, así como la capacidad imaginativa y de fabulación inherente a la condición humana, indispensables para el desarrollo sociocultural de una sociedad. Ya en pleno renacimiento el gran artista y humanista Leonardo da Vinci había comenzado a experimentar de manera artesanal y casi impulsiva las diferentes maneras de lograr que el hombre pudiera volar, al igual que en la ciencia y en la medicina donde discernió sobre los principios fisiológicos y biológicos del hombre que le permitieran entender y transformar la condición humana. Así como sus aciertos en la pintura y el dibujo, “Para Da Vinci, la perspectiva lineal –la abstracción mental del quattrocento- no es una técnica suficiente para representar una realidad que es mucho más compleja y variable. Postula la validez de la “perspectiva naturalis” de los antiguos griegos, dividiendo la perspectiva en tres partes: construcción lineal de los cuerpos, difuminación de los colores tomando en cuenta las distancias, y la tercera, la pérdida de determinación de los cuerpos en relación a las diversas distancias” Nos referimos al período histórico donde el hombre, por necesidad de re-encontrarse consigo mismo, se sustenta en la idea que se tenía entonces de los antiguos griegos (Homero, Platón). Donde el ser humano vuelve a ser el eje alrededor del cual se mueve el mundo; no en el sentido soberbio que pudiera interpretarse de esta afirmación, sino como una figura central alrededor de la cual giran, al alcance de la mano, “mitología”, naturaleza, física, matemáticas, la razón, poder económico, la exactitud de las figuras geométricas y un universo de posibilidades insospechadas... “El salto social de artesanos y técnicos a artistas y hombres de ciencia” (Borrás, 1996)

Renacimiento, volver a nacer, el hombre se reivindica como parte del cosmos, como otro elemento tan importante como la naturaleza. Deja de ser un instrumento oculto bajo el manto del Dios medieval, enorme, sólido y oscuro. Él también razona; como un dios, decide, crea, destruye, reconstruye, elabora leyes, profundiza en los principios de la vida y las transforma. Todo es posible, entonces. Y esto se refleja instantáneamente en el arte, como manifestación palpable del hombre en su esencia y del momento histórico. Por ejemplo, en la pintura y en todas las expresiones sociales y artísticas .

Ese impulso del hombre por transformar de alguna manera su entorno le ha proporcionado una dicotomía entre el estado de bienestar y de paulatina destrucción. Una antítesis que hasta el momento ha dado resultados contradictorios, esa ley progresiva donde el eros y el thanatos se confunden recurrentemente, son habidas cuentas el facilitador de los avances tecnológicos a la entrada del tercer milenio, donde la competitividad y el deseo de controlar en procura de la comodidad y el bienestar ha desencadenado la deshumanización.

Esa dimensión experimental lleva al crecimiento y al fortalecimiento de la individualidad, una individualidad que cada día vemos arreciar con fuerza en detrimento de lo colectivo, porque este último ha perdido su fuerza y su representatividad, más aún en los tiempos que corren, donde la premisa fundamental subyace en la alienación, la catarsis permanente y el dejarse llevar sin principios, ni valores reales. Esta generación le ha correspondido esas y otras características, producto mismo de la masificación y la aplicabilidad errónea de la tecnología que paso a paso invade el mundo moderno. Los nuevos escenarios de los jóvenes, estan constituidos a la vez desde la homogeneización inevitable del vestido, la comida, la música, y una profunda necesidad de diferenciación que se expresa en los signos con que tejen sus grupalidades: del hoyo fonqui al punk, de la salsa barrial a la discoteca in, del concierto-ritual tecnológico y coreográfico al rock artesanal, en que se expresan las nuevas sensibilidades, las estéticas de lo desechable, las nuevas sonoridades, sones, ruidos y ritmos de la ciudad, la experiencia de las pandillas ante la cotidiana presencia de la muerte en las calles, la exasperación de la agresividad, la soledad hostil, la desazón moral, el desarraigo. Signos contundentes de una sociedad posmilenio llevada al umbral de la decadencia moral.

Una juventud que al decir de Jesus Martin Barbero “que se hace ya presente en la sensibilidad del adolescente, es la percepción aún oscura y desconcertada de una reorganización profunda en los modelos de socialización: ni los padres constituyen el patron-eje de las conductas, ni las escuela es el único lugar legitimado del saber, ni el libro es el centro que articula la cultura. Los sentidos de la juventud donde con más fuerza se expresa hoy el estremecimiento de nuestro cambio de época”. Es así como vemos jóvenes con un estado de indefensión y propensos a la zombización, generado desde los medios tecnológicos y del lenguaje audiovisual, una especie de muertos vivientes que caminan porque los demás así lo hacen, jóvenes con un espíritu competitivo insano con menoscabo de su integridad y dignidad. Gajes de la modernización no de la modernidad, del consumismo y el snobismo fatuo. Esa falta de compromiso social de la generación premilenio o fast food, ha desencadenado una creciente tendencia al estancamiento de principios como la honestidad y la dignidad, fortaleciendo la corrupción, el sicariato y otras endémias sociales, gracias a la mediatez del dinero fácil a través de mecanismos pocos ortodoxos.

No quiere decir –y aunque suene contradictorio – que los procesos tecnológicos no tengan validez, lo que se cuestiona realmente es su aplicación y como esta afecta los procesos comunicacionales y de desarrollo humano. Ejemplo evidente es la actitud mecanicista ante el Internet, la televisión, y las redes de información ya sea digital o satelital que el hombre contemporáneo disfruta sin una mediación racional, y una entrega casi visceral y de culto hacia todos estos ofrecimientos tecnológicos; condiciones típicas de la globalizacion.

Se ha determinado que el cuarenta por ciento de la población en países tercermundistas es analfabeta y otro veinte por ciento son analfabetas funcionales, es decir, saben leer pero no escribir o en su defecto sus niveles de formación académica son escasos y malos y su acercamiento al conocimiento se sustenta sobre la experiencia y la vivencia, en este sentido valdría la pena preguntarse como funcionan estos procesos tecnológicos en una población con las características antes mencionadas. Evidentemente la respuesta a esta inquietud esta en cada de nosotros y a la manera como asuma el rigor que la mediatización tecnológica impone, lo cierto es que las poblaciones urbanas de América Latina y de algunas de los continentes asiáticos y africanos no tienen un real acceso a los avances que la tecnología ofrece y eso quizá los hace más puros, pero al mismo tiempo mas atrasados, características de la globalización, la cual involucra en gran medida los “Mass Media” y todo lo que ello conlleva: Paradigmas sociales, estereotipos, modelos y patrones de comportamiento sociocultural.

Desde mediados del siglo XX esa separación de mundos se ha disuelto, en gran medida por la acción de la televisión que, al transformar los modos de circulación de la información en el hogar rompe el cortocircuito de los filtros de autoridad parental. Afirma Meyrowitz: “Lo que hay de verdaderamente revolucionario en la televisión es que ella permite a los más jóvenes estar presentes en las interacciones de los adultos."Es como si la sociedad entera hubiera tomado la decisión de autorizar a los niños a asistir a las guerras, a los entierros, a los juegos de seducción eróticos, a los interludios sexuales, a las intrigas criminales. La pequeña pantalla les expone los temas y comportamientos que los adultos se esforzaron por ocultarles durante siglos”. Mientras la escuela sigue contando unas bellísimas historias tanto de los padres de la patria como de los del hogar - héroes abnegados y honestos, que los libros para niños corroboran- la televisión expone cotidianamente los niños a la hipocresía y la mentira, al chantaje y la violencia que entreteje la vida cotidiana de los adultos. Resulta bien significativo que mientras los niños siguen gustando de libros para niños, prefieren sin embargo- numerosas encuesta hablan de un 70 % y más- los programas de televisión para adultos. Y ello porque al no exigir un código complejo de acceso, como el que exige el libro, la televisión posibilita romper la largamente elaborada separación del mundo adulto y sus formas de control. Mientras el libro escondía sus formas de control en la complejidad de los temas y del vocabulario, el control de la televisión exige hacer explícita la censura.

Y como los tiempos no están para eso, la televisión, o mejor la relación que ella instituye de los niños y adolescentes con el mundo adulto, va a reconfigurar radicalmente las relaciones que dan forma al hogar.

Es obvio que en ese proceso la televisión no opera por su propio poder sino que cataliza y radicaliza movimientos que estaban en la sociedad previamente, como las nuevas condiciones de vida y de trabajo que han minado la estructura patriarcal de la familia: inserción acelerada de la mujer en el mundo del trabajo productivo, drástica reducción del número de hijos, separación entre sexo y reproducción, transformación en las relaciones de pareja, en los roles del padre y del macho, y en la percepción que de sí misma tiene la mujer. Es en ese debilitamiento social de los controles familiares introducido por la crisis de la familia patriarcal donde se inserta el des-ordenamiento cultural que refuerza la televisión. Pues ella rompe el orden de las secuencias que en forma de etapas/edades organizaban el escalonado proceso del aprendizaje ligado a la lectura y las jerarquías en que este se apoya. Y al deslocalizar los saberes, la televisión desplaza las fronteras entre razón e imaginación, saber e información, trabajo y juego.

Hay suficientes criterios que ratifican por ejemplo que en las favelas del Brasil muchos de sus habitantes tienen a su haber un Televisor a color de 24 pulgadas, pero carecen de lo más indispensable para su manutención, no tan distantes, en Barrios del Suroccidente de Barranquilla sucede un caso muy parecido, donde sus habitantes invierten fuertes sumas de dinero para fortalecer grandes equipos de amplificación sonora que han bautizado como Pick ups o picós para ser más castizos, pero viven en condiciones poco dignas, resultados de la posible contradicción de la modernidad y la tradición. Un contrasentido permanente y recurrente que se presenta en las grandes urbes donde la polarización social es evidente, aunque suene a un postulado desgastado, las diferencias entre ricos y pobres se agudiza en la medida que avanzan modelos socioeconómicos desangradores de la dignidad humana.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy acertado su escrito, comparto lo pertienente a el desarrollo cultural conforme a una época globalizante. Respecto a los jovenes urbanos y sus culturas, quisiera agregar que estas formas de expresión obedecen precisamente a que el joven en una busqueda constante e inquieta, establece nuevas comunicaciones no mercantilistas y globalizantes como una forma de protesta contundente y muy urbana. ejemplo: los rastas urbanos, lo Punkis, los redskin antifasistas, raperos, metaleros etre otros tantos...

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