lunes, 16 de julio de 2007

Atisbos a la dimensión humana

...” Si el pintor quiere ver bellezas que lo enamoren, él es dueño de generarlas; si quiere ver cosas monstruosas que lo espanten, o que sean bufonescas o risibles, o verdaderamente conmovedoras, él es señor y creador de ellas; y si quiere generar sitios y desiertos, lugares umbrosos o frescos en tiempos cálidos, los figura, y lo mismo lugares cálidos en tiempos fríos... y en efecto, todo lo que hay en el universo por esencia, frecuencia o imaginación, lo tiene primero en la mente y luego en las manos...”

Leonardo Da Vinci
Códice Urbinate

"El presente engendra el pasado"Ernesto Sabato





El mundo sería diferente, si sólo pensaramos en nuevos amaneceres, pero el mundo es cada día es mas hóstil, violento y agresivo. Solo basta mirar con cierta sobredosis de tv y de internet para percatarse.
La sociedad esta enferma, neurotizada, la tristeza sacude los cimientos de la esperanza. Y nosotros aqui sentados en los lustrosos muebles de la apatia mirando con indolencia e indiferencia, dejando que el mundo se desangre a cuentagotas, pero acaso eso importa. Los muertos siguen, la miseria continua, pero el mundo sigue andando, con la esperanza inutil de persisitir en medio del desarraigo y el desamparo, lo demás es pura ilusión óptica. Pero asi somos los humanos, tentados siempre al thanatos, desequilibro, desigualdad son palabras sinonmas que el hombre ha utilizado por siempre. La lucha de contrarios irreductible condicion humana.

Ese impulso del hombre por transformar de alguna manera su entorno le ha proporcionado una dicotomía entre el estado de bienestar y de paulatina destrucción. Una antítesis que hasta el momento ha dado resultados contradictorios, esa ley progresiva donde el eros y el thanatos se confunden recurrentemente, son habidas cuentas el facilitador de los avances tecnológicos a la entrada del tercer milenio, donde la competitividad y el deseo de controlar en procura de la comodidad y el bienestar ha desencadenado la deshumanización.

Esa dimensión experimental lleva al crecimiento y al fortalecimiento de la individualidad, una individualidad que cada día vemos arreciar con fuerza en detrimento de lo colectivo, porque este último ha perdido su fuerza y su representatividad, más aún en los tiempos que corren, donde la premisa fundamental subyace en la alienación, la catarsis permanente y el dejarse llevar sin principios, ni valores reales. Esta generación le ha correspondido esas y otras características, producto mismo de la masificación y la aplicabilidad errónea de la tecnología que paso a paso invade el mundo moderno. Los nuevos escenarios de los jóvenes, estan constituidos a la vez desde la homogeneización inevitable del vestido, la comida, la música, y una profunda necesidad de diferenciación que se expresa en los signos con que tejen sus grupalidades: del hoyo fonqui al punk, de la salsa barrial a la discoteca in, del concierto-ritual tecnológico y coreográfico al rock artesanal, en que se expresan las nuevas sensibilidades, las estéticas de lo desechable, las nuevas sonoridades, sones, ruidos y ritmos de la ciudad, la experiencia de las pandillas ante la cotidiana presencia de la muerte en las calles, la exasperación de la agresividad, la soledad hostil, la desazón moral, el desarraigo. Signos contundentes de una sociedad posmilenio llevada al umbral de la decadencia moral.
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