lunes, 9 de enero de 2012

La inmigración árabe y la construcción de ciudad





El nacimiento del sector empresarial colombiano también contó con el impulso de destacados hijos de inmigrantes árabes. Uno de ellos, don Elías Muvdi.
 
La vida y el desarrollo de una sociedad esta condicionada en múltiples ocasiones por los golpes del infortunio, llámese desarraigo, marginalidad o desamparo o todo aquello que obligue al hombre a dejar su tierra, sus vivencias, sus costumbres, o su vida. Esos golpes impelen al hombre a cuestionar su existencia, y así, como al deseo de abrirse camino en otras latitudes con asomos de esperanza.Es un fenómeno real, las crisis tanto políticas, sociales como económicas, facultan la posibilidad del hecho migratorio. Ese impulso delirante que obliga tanto a hombres, mujeres y niños y familias enteras a labrar a punta de sus propios miedos y fantasmas, un espacio donde puedan vivir con dignidad, es a su vez el motor que ha desarrollado a muchas naciones del mundo.La significación que tienen las migraciones es de singular importancia para comprender la conformación y el desarrollo de los pueblos, especialmente en relación con el nuevo mundo, vasto continente donde confluyeron, en su condición de descubridores, conquistadores y colonizadores, variados grupos humanos provenientes del medio oriente.Para comprender este flujo migratorio bastaría echarle un vistazo a las condicionantes históricas en los periodos comprendidos entre la ultima década del siglo diecinueve y las primeras dos décadas del siglo veinte. Un nuevo ritmo en el reordenamiento territorial se creará en la posguerra como consecuencia de la primera guerra mundial y el desmembramiento del imperio otomano, en el cual Siria y el Líbano quedaran bajo mandato francés y Palestina bajo el mandato Británico. Estas circunstancias atenuaron el flujo migratorio hacia la tierra prometida: América.


No es de extrañar esa característica esencial del inmigrante, donde llega conquista, construye, fortalece y siembra la simiente de un futuro promisorio, cuando llevo su casa y cuestas y un pedazo de mar entre los bolsillos. No es de extrañar esa característica esencial del inmigrante, donde llega conquista, construye, fortalece y siembra la simiente de un futuro promisorio, cuando lleva su casa y cuestas y un pedazo de mar entre los bolsillos.

Los países de América, específicamente Colombia y concretamente Barranquilla, una zona que gracias a su condición geográfica recibió su fuerte arremetida migratoria y de paso los azotes del infortunio, que llevaban a cuestas muchos de estos trashumantes. La costa atlántica fue el punto de entrada de la gran mayoría de los sirio-libaneses y palestinos y de toda la inmigración a Colombia. Puerto Colombia, el principal puerto del país después de la construcción del largo muelle en la década de mil ochocientos noventa, era la primera impresión que sobre su nueva patria recibían los inmigrantes.Cuando desembarcaron, trajeron consigo una maleta cargada de ilusiones y el deseo de un mejor bienestar. Para los inmigrantes Árabes, Colombia, junto con otros países de América Latina, era apreciada como una tierra de oportunidades, un escape a problemas y de presiones demográficas, un refugio contra las persecuciones sociales y religiosas y una manera de evadir el servicio militar.Barranquilla que a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, estaba haciendo su transito de villa promisoria a ciudad cosmopolita, se había convertido en residencia de un significativo número de judíos provenientes de las Antillas holandesas, de alemanes, italianos, cubanos, franceses e ingleses. Para los sirio-libaneses y Palestinos, Barranquilla, Cartagena y varios pueblos pequeños de la costa, fueron los destinos más frecuentes. Las condiciones climáticas muy parecidas y las particularidades geográficas permitieron diversos asentamientos humanos de Árabes, pese a las dificultades sociales y culturales iniciales, como el idioma y la intolerancia, situaciones que supieron sortear ante la mirada de propios y extraños. Esta gente, llevaba consigo toda su idiosincrasia, sus formas alimentarias, su estructura familiar y religiosa que al querer adaptarse e integrarse a la sociedad que lo recibe, no era extraño que se generaran incidentes, pero al mismo tiempo revitalizaba y enriquecía los diferentes ámbitos de la cultura, contribuyendo a la formación de las sociedades que habitaban.

Conocidos con el nombre vulgar de "Turcos", por viajar con pasaporte Otomano, apelativo que en su momento fue considerado por muchos Árabes como peyorativo y con el tiempo se incorporo al hablar cotidiano de la gente de la región. Y que aun perdura en el imaginario colectivo de muchas zonas de la costa colombiana. Se asentaron básicamente en toda la población costeña que ofreciera posibilidades para los negocios, particularmente en Cartagena, Cereté, Montería, Ciénaga, Aracataca, Fundación, Riohacha, Santa Marta y Barranquilla, poblaciones cuya cercanía al río y el mar, así como vías carreteables que permitían el transito comercial.

En efecto, se ha aceptado que los primeros inmigrantes se dedicaron exclusivamente al comercio, aunque en su lugar de origen trabajaran en otra actividad, como la agricultura y la ganadería bovina. Muchos, entonces conformaron el popular estereotipo de buhonero y muy pronto fueron progresando estableciendo una pequeña tienda o local desde donde se expandieron y abrieron nuevas agencias y sucursales hasta que finalmente crearon verdaderas casas comerciales. Si bien los primeros Árabes que llegaron construyeron sus esperanzas a punta del comercio, sus hijos y los hijos de sus hijos desestimaron esa posibilidad dedicándose a otras actividades y profesiones como la medicina, la política, el periodismo y el deporte, entre otras más, que alcanzaron a desarrollar con éxito tanto los hombres como las mujeres. Así mismo, se destacaron en otros aspectos de la cultura local, a través de su gastronomía logrando estimular los paladares de propios y extraños.







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